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jueves, 21 de abril de 2016

Reseña: En busca del azul, Lois Lowry.



Título: En busca del Azul.

Autora: Lois Lowry.

Sinopsis: Nora, una huérfana con una pierna torcida, vive en un mundo donde los “débiles” son dejados de lado. Desde el momento en que muere su madre, teme por su futuro hasta que es perdonada por el poderoso Consejo de Guardianes. La razón es que Nora tiene un don: sus dedos poseen la habilidad de bordar de manera extraordinaria. Supera con creces a la habilidad que mostraba su madre, por lo que se le encomienda una tarea que ningún otro miembro de la comunidad puede desarrollar. Mientras su talento la mantiene viva y le supone ciertos privilegios, se da cuenta de que está rodeada de misterios y secretos. Nadie debe saber de su intención de descubrir la verdad sobre su mundo, además de averiguar qué existe más allá de sus límites. La libertad y seguridad, la dignidad, el poder, trabajo, la jerarquización, la vida y la muerte son algunos de los muchos temas de esta magnífica novela de la afamada escritora Lois Lowry (El Dador, Premio Newbwery), que cautivará al joven lector, además de hacerle reflexionar sobre el mundo en que vivimos.

Páginas: 256.

Reseña:
A principios de año leí El Dador y me encantó. Hacía mucho que no leía una distopía "light" tan bien llevada, con unos personajes tan definido pese a que el libro no era demasiado largo y con una historia y una sociedad que daba miedo de lo bien que estaba construida.

Lo que no sabía yo era que había continuaciones, por llamarlas de alguna manera. Se supone que están ambientadas en el mismo espacio tiempo, pero en lugares distintos. 

Aunque En busca del azul no se parecía a El dador, me ha dejado el mismo sabor de boca. Se desarrolla en un pueblo donde el que no es útil para la comunidad es abandonado en El Campo. La vida de Nora no ha sido fácil debido a su cojera pero ha estado más o menos protegida por su madre, una bordadora con cierto poder porque su padre era un Consejero y el recuerdo de su padre, un gran cazador de bestias que murió en una cacería pero cuando ella muere de manera inesperada, Nora descubre que han quemado su casa -para que la enfermedad que se llevó a su madre no se propague- y que su situación en el pueblo pende de un hilo.

Cuando es llevada a juicio para dilucidar si deben abandonarla a su suerte en El Campo para que las bestias se la lleven, su habilidad, su don para bordar sin que nadie le haya enseñado, para combinar los colores y retorcer los hilos la salva in extremis y la eleva a una posición privilegiada en la sociedad, abandonando las barracas donde ha vivido hasta entonces, para trasladarse al Edificio.

Y hasta aquí puedo leer sin hacer spoilers.
Pero es un libro que está muy, muy bien conseguido. Tiene pistas que te van diseminando a lo largo de la novela, como que El Edificio es una construcción antigua, con cristaleras y muchas, muchas habitaciones alrededor del Lugar de Reunión, donde está el Objeto de Culto (poco a poco se revela que el objeto de culto es una cruz y ya ahí tú tienes que figurarte que es una catedral que milagrosamente sobrevivió al cataclismo que tocara), el idioma pueblerino de los que viven en La Nava, o el que no se cuenten los años sino las sílabas de los nombres. 

Por ejemplo, la medida de vejez era ser "tetrasílabo", como Anabela, que nació siendo Ana y poco a poco se le fueron añadiendo sílabas. 

Me ha gustado mucho, casi tanto como El Dador y lo recomiendo fervientemente.

Puntuación:
5/6

martes, 2 de febrero de 2016

El Dador de Recuerdos, Louis Lowry



Título: El Dador. 

Editorial: Everest.

Páginas: 176.

Sinopsis: Diciembre es el mes en el que se celebra la Ceremonia anual, en le que los Doce reciben sus determinadas por el Comité de Ancianos. Pero Jonás, un niño que cumple doce años, ha sido elegido para algo muy especial. Cuando su selección le lleva ante el más honorable de los ancianos -el Dador-, Jonás comienza a darse cuenta de los secretos que subyacen bajo la frágil perfección de su mundo.

Reseña:

La vida es tranquila en las Comunidades. Cada año que va pasando los niños se enfrentan a nuevas tareas, que moldean su mente hacia el respeto a las reglas, que son la columna vertebral de la tranquilidad social, la buena educación, la importancia de no hacer preguntas y el voluntariado, donde se irán probando distintos oficios hasta que se te asigne el definitivo en la Ceremonia de los Doce Años, donde se te considera adulto -y dejas de celebrar cumpleaños porque ya no son necesarios.

Aunque la primera parte del libro es prácticamente desarrollando cómo es esta sociedad, es un libro que me ha gustado. La aseptividad rezumaba por los cuatro costados en un mundo en el que no hay impulsos, amorosos ni sexuales -el Ardor se trata con una pastilla diaria- y en el que todo funciona como una colmena: desde las Paridoras, que engendran a los hijos que se cuidarán durante un año en las guarderías hasta que se entreguen a una familia, hasta los Sabios, pasando por los Cuidadores, Profesores, Defensores de las Leyes,...

No hay un antagonista, los personajes son manejados a su antojo por un sistema que se impuso hace demasiado tiempo como para que se recuerde una vida anterior y en el que los propios habitantes de las Comunidades colaboran sin ser conscientes siquiera de la maldad o crueldad de sus actos ya que, en aras de la igualdad, no tienen sentimientos fuertes.
Por no tener, no tienen ni la capacidad de ver los diferentes colores.

Pero todo cambia cuando Jonás no es seleccionado para los oficios habituales sino que se convierte en el Receptor de los Recuerdos, aquel que debe guardar la memoria colectiva de cosas pasadas y de lo que el resto de la población ha olvidado -desde qué es la Navidad y el amor fraternal hasta qué era la nieve o qué es una montaña-, recuerdos que le son transmitidos mediante la imposición de las manos del Dador, su cansado predecesor, condenado como Jonás a estar apartado de la sociedad, sabiendo que hay cosas más allá de la Comunidad pero sin poder escapar o ser liberado de ella. 

Dos de las cosas que más me impactaron fueron (atención, spoilers):

  • El protagonista les pregunta a sus padres que si le quieren, que si le aman. Los padres, que hasta ese momento te han parecido una familia normal -a pesar de que no lo son biológicamente y que fueron emparejados por el sistema- se escandalizan, no porque haya dicho alguna burrada sino porque ha sido "tremendamente impreciso" y ser impreciso equivale a mentir. Amor era un concepto demasiado amplio, así que tendría que haber preguntado que si lo consideraban útil para la sociedad o si estaban orgullosos de él.
  • No me esperaba que la liberación fuera un asesinato ni que se hiciera para mantener a la población estable. Me estremeció la escena en la que el padre "libera" al gemelo más pequeño, el mimo que tiene en hacerlo, cómo se preocupa de arrullarlo a pesar de que le ha inyectado algo mortal y cómo se disculpa porque la inyección le haga daño. Me dejó pensando en si realmente era consciente de lo que estaba haciendo o no, si el hecho de seguir las Reglas fuera un eximente o si la moral ni siquiera tenía cabida en el mismo.

Hay una adaptación de la novela, una película que quiero ver, porque el libro me ha entusiasmado y una tiene esa vena de auto-sufrimiento (y porque sale Meryl Streep, tan mala no puede ser).



Puntuación: 
******